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Nº 461. Sábado, 27 de mayo de 2017

Pan

En la mitología griega, Pan era el dios de los bosques, los campos, los pastores, los rebaños y la fertilidad. Generalmente se le representaba como una bestia vigorosa y lujuriosa, con forma de hombre con cuernos, orejas y patas de cabra y tocando la flauta de pan, una especie de zampoña o caramillo. En el arte tardío, sin embargo, se resaltó más su aspecto humano. También era conocido por su intenso deseo sexual.

Originalmente, Pan era una divinidad Arcadia. Su nombre es una contracción dórica de la palabra paon, «pastor»; sin embargo, los antiguos griegos solían creer que su nombre provenía de la palabra griega pan, «todo» (para mayor precisión etimológica, vea la raíz indoeuropea o paa).

Pan era hijo de Hermes, mensajero de los dioses, y de una ninfa llamada con frecuencia Penélope (no la esposa de Odiseo). Debido al nombre de su madre, era común que los griegos antiguos creyeran que su padre era algún personaje de La Odisea.

En una ocasión, persiguió a la ninfa Siringa. Para que no pudiera escapar de él, la transformó en un lecho de cañas. Entonces tomó las cañas, que eran de tamaño desigual, las ordenó por tamaño y con ellas fabricó una zampoña o flauta de pan.

Con su flauta de cañas acompañaba a las ninfas del bosque mientras danzaban. Era considerado un músico magnífico y siempre galanteaba a las ninfas tocando su instrumento. Sin embargo, todas lo rechazaban por su fealdad.

El mayor interés de Pan eran los rebaños y el ganado, no la agricultura. De ahí que Pan pudiera hacer que los humanos, al igual que el ganado, corrieran en estampida con terror o pánico.

Así como a muchos pastores, a Pan le gustaba tocar la flauta y descansar al mediodía.

Sus lugares preferidos eran las montañas, las cuevas y parajes agrestes, pero su favorito era la Arcadia, donde había nacido. El sonido de su flauta en la soledad de la noche producía terror en los viajeros. De ahí deriva la palabra pánico.

No era muy celebrado en la literatura, salvo en la poesía pastoral helenística, pero era un dios muy recurrente en el arte antiguo. Su figura tosca representaba lo rudimentario y poco educado, en contraposición a, por ejemplo, la figura de Apolo, quien representaba la cultura y la sofisticación.

Los romanos lo asociaron con Fauno.

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